Tus problemas no le importan a nadie

Emprender tiene un lado oscuro, que no suele aparecer en las entrevistas de televisión, ni en los programas de radio sobre lo bonito que es abrir empresas. Sabes a qué me refiero, todo ese “si quieres, puedes”, y “todo es echarle ilusión”, “si estás parado es porque quieres”, y toda esa letanía buenrollista tan de moda. 

Esa no es la realidad, al menos no la de la mayoría de emprendedores. Emprender es duro. En serio, es muy jodido. Es, ante todo, un ejercicio de desgaste personal y emocional, un baño de incertidumbre en el que a  menudo te juegas, no solo todo lo que tienes, sino todo lo que tendrás.

Se da la circunstancia, de que la vida a menudo te pasa por encima. Uno no emprende en una burbuja, sino en la caldera hirviendo y burbujeante que es la vida. Y las circunstancias no suelen ayudar a centrarte en la empresa. Veamos a qué me refiero.

Estás o te sientes solo. Tienes una enfermedad. Tu pareja no te comprende. Estás triste. Te despidieron. Tus padres, hijos o amigos son injustos contigo. No tienes dinero. Te sientes débil. Estás agotado. Tienes miedo. Nadie te ayuda….

¿Sabes qué?

A nadie le importa como te sientes. Y no está mal. Nos preocupamos demasiado de cómo nos sentimos, o de cómo otros nos hacen sentir, pero lo único importante es lo que hacemos. No lo que nos gustaría hacer, o que pasara. No lo que otros deberían hacer, decir o sentir.

Lo que te esfuerces, lo que hagas, es lo único que te permitirá tener algo de control sobre tu futuro. A nadie le importan una mierda tus sentimientos. Y a ti deberían importarte menos.

Lo que sí te interesa es ser consciente de qué sientes, y qué piensas. No juzgar tus emociones o pensamientos, o intentar controlarlos. Sólo observarlos. Y actuar.

¿Cómo actuar? Haciendo lo que sabes que es bueno para ti. Lo que te hace sentir fuerte. Orgulloso de ti mismo. No cómodo. No entretenido o distraído. Definitivamente, no lo que te apetece. Da igual lo que te apetezca. A nadie le apetece crecer, enfrentarse, luchar. Pero es lo que necesitamos.

Y lo más importante: lo que hacemos es lo que determina el tipo de persona que somos. El tipo de persona que somos influye en qué nos involucramos (y en lo que dejamos pasar, y con quien). Y esto influye mucho en el lugar al que llegamos con los años.

El éxito es una variable independiente sobrevalorada. La comodidad es una trampa, igual que el prestigio o la fama. Sólo controlamos el tipo de persona que somos. Las cosas por las que luchamos. Céntrate en esforzarte más, mejor. Amar más. Quererte más. Cuidar más. Pasar tiempo de calidad con la gente que quieres.

Lucha por lo que quieres. No es fácil. No es cómodo. No es seguro. Pero es la única manera de vivir como un adulto que merece la pena. Esfuérzate por ser mejor y ayudar más a los demás.

El resto ya vendrá, o no. Lo bueno es que cuando haces lo que sientes que debes hacer, esforzándote al máximo, el resultado importa poco. O al menos, no importa (ni escuece), tanto.

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Un comentario

  • He caído aquí por casualidad y joder, has plasmado lo que llevo pensando hace meses a la perfección.
    Buen artículo y buenos consejos. Agudo eso de “la caldera hirviendo y burbujeante que es la vida”.
    Solo agregar que al final lo malo si es lo que anhelas nunca es tan malo. Por muy malo que sea, que a veces es 😀
    Saludos!!

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